Podemos aprender ecuaciones, estudiar idiomas, acumular títulos y especializarnos durante años en una determinada disciplina. Podemos llegar a saber muchísimo sobre el mundo que nos rodea. Y, sin embargo, quizá nadie nos haya enseñado a responder a una pregunta mucho más cercana: ¿qué me está pasando a mí?
La neurocientífica Nazaret Castellanos lo explicaba recientemente en una entrevista con Mercedes Milá en La 2 de TVE. A los 40 años se dio cuenta de una paradoja que cambió su manera de entender el conocimiento: sabía de ecuaciones y de campos electromagnéticos, había acumulado alrededor de 150 títulos y una enorme formación académica, pero no sabía reconocerse a sí misma.
Tenía ansiedad y ni siquiera sabía identificarla. Se sentía perdida, dando tumbos, a pesar de haber construido una trayectoria académica extraordinaria.
Su reflexión apunta a una carencia que durante mucho tiempo ha quedado fuera de las prioridades educativas: la inteligencia emocional. Aprender a reconocer lo que sentimos, poner nombre a nuestras emociones, comprender de dónde vienen y desarrollar recursos para gestionarlas también es conocimiento. Y quizá sea uno de los conocimientos que más necesitamos para desenvolvernos en nuestra propia vida.
Porque nadie nos enseña a aprobar un examen llamado «¿cómo estoy?». No hay una asignatura obligatoria que nos ayude a distinguir entre tristeza, miedo, frustración, estrés o ansiedad. Tampoco un temario que nos enseñe qué hacer cuando una emoción nos desborda.
En la entrevista, señala que le habría gustado que el sistema educativo español le hubiera enseñado más sobre sí misma. Y cuando Mercedes Milá le preguntaba si eso está cambiando, reconocía que poco a poco sí: se ha abierto una puerta.
Ahora el reto es que esa puerta no vuelva a cerrarse.
Educar no debería consistir únicamente en preparar a niños y jóvenes para conocer el mundo. También debería proporcionarles herramientas para habitarlo y, sobre todo, para habitarse a sí mismos.
Porque quizá una educación verdaderamente completa no sea la que consigue que sepamos cada vez más cosas, sino la que consigue que, además, sepamos un poco mejor quiénes somos, qué sentimos y qué necesitamos.