Hablar de sexualidad con nuestros hijos y nuestras hijas sigue siendo un tema que incomoda a muchas familias. Sin embargo, la educación afectivo-sexual no es una opción, sino una necesidad, algo ineludible porque tanto si hablamos como si no, ya estamos educando. Nuestros hijos y nuestras hijas crecen en un entorno donde reciben información constante a través de los medios de comunicación, las redes sociales, internet y sus amistades. Si no hablamos con ellos, otras fuentes – no siempre fiables – ocuparán ese lugar. Cuando nos queramos dar cuenta, ya será tarde.
Conversar sobre sexo no significa tener “una gran charla” puntual, a modo de conferencia. Se trata de generar un clima de confianza donde preguntar con libertad en cada etapa de su desarrollo. Adaptar el lenguaje a su edad y responder con naturalidad ayuda a que entiendan su cuerpo, sus emociones y los cambios que experimentan sin miedo ni vergüenza. La espontaneidad es clave.
Cuando las familias abordan estos temas desde la cercanía y la escucha activa, fortalecen un vínculo afectivo. Hijos e hijas que se sientan escuchados y acompañados tienden a tomar decisiones más responsables y a pedir ayuda cuando la necesitan.
Pero ¿cuándo hablar? La clave está en aprovechar momentos cotidianos. Una escena en una película o en una serie puede abrir la puerta para hablar sobre ello. Una noticia en redes sociales puede servir para reflexionar en una sobremesa. En ocasiones, una pregunta espontánea de nuestro hijo o hija antes de dormir es una oportunidad valiosa para conversar.
Tampoco se trata de saberlo todo, sino de estar disponibles para ellos. No obstante, si en algún momento surgen dudas o dificultades, contar con apoyo profesional puede ser de gran ayuda. Educar en sexualidad es educar en salud emocional y autoestima para conseguir relaciones sanas a lo largo de toda su vida.